Voy al PC, entro en "www.mediterraneo.com", busco los titulares del día... Mi programa lector de la pantalla va leyendo con su voz mecánica las secciones. Detengo el dispositivo, le hago repetir el titular: Sí, sí... No he oído mal. "Los discapacitados de Castellón afirman que todo está perfecto".

Me emociono; pincho el enlace; espero unos segundos y, como notas cantarinas de una música celestial, brotan las palabras, mecánicas, monótonas, pero esperanzadoras, gratificantes, del artilugio informático, el Jaws, pensado para que los ciegos podamos acceder a internet:

"Las personas con discapacidad de Castellón, más de quince mil, han remitido una nota de prensa a este medio, en la que expresan su eterna gratitud a los gobernantes por todos sus desvelos y esfuerzos para conseguir, por fin, que hayan desaparecido todas las barreras arquitectónicas, urbanísticas, del transporte y de la comunicación. Confirman además sus portavoces que todos los escolares con discapacidad asisten a colegios y centros debidamente adaptados, con transporte accesible y con monitores de apoyo; que todos los semáforos de la ciudad son sonoros y todas las aceras carecen de bordillos insalvables por una silla de ruedas; que en todos los centros oficiales de la Administración hay varios funcionarios que dominan perfectamente el lenguaje de signos, para atender a los ciudadanos con sordera, quienes, además, disfrutan al fin de todos los programas de los medios televisivos con las subtitulaciones que siempre pedían. Han informado también que no hay ningún minusválido sin trabajo, ya que la Administración, las empresas privadas y el autoempleo ofrecen un puesto de trabajo digno para quien lo desee, formándose exquisitamente en los cursos y estudios debidamente adaptados y accesibles. Han destacado su satisfacción por el hecho de que no quede ni una sola persona sin ayuda a domicilio, colaborando con las familias en los cuidados de sus miembros minusválidos, los cuales reciben generosas pensiones por su grave dependencia. Insisten igualmente en que ya no tenemos ningún comercio, bar o edificio sin que sea completamente accesible, al igual que los aparcamientos públicos o las clínicas y los hoteles o restaurantes; pudiendo decir lo mismo de todos los cines, teatros, piscinas, campos de fútbol... Insisten en que es una gloria que todos los baños de lugares públicos estén impecablemente adaptados, que haya ascensores amplios con botoneras a baja altura por doquier o que todos los centros oficiales dispongan de teléfonos para personas sordas, al igual que en sus propios domicilios".

Sonrío. La lectura me embelesa. Hago repetir una y otra vez a mi obediente programa Jaws. Me siento desconcertado, abrumado por la felicidad. Aspiro profundamente unas bocanadas de aire fresco. Toso un poco. Me revuelvo entre las sábanas. Tomo conciencia de que me estoy despertando. Sacudo un poco la cabeza y me despejo algo más. Emito un exabrupto irrepetible y desvelo el misterio.

"... ¡Maldita sea... era un simple sueño!"