Ni Castellón es San Francisco ni Alboc sser Alcatraz. Debió ignorarlo el secretario general del PP, A. Acebes y exministro del Interior, por cierto de infausto recuerdo, cuando decidió, supongo que con la verdad por delante, que Alboc sser acogería un centro penitenciario. Por obra y gracia de algún ideólogo --muchos pagarían por saber quién fue el desahogado--, se obsequió al Maestrat con una cárcel. Después de décadas de celdas y carceleros en forma de falta de inversión pública, marginación y duros éxodos rurales para buscarse la vida, no tenían otra ocurrencia que imponer una prisión. ¿Quién dijo qué la comarca tenía déficits de servicios públicos?

Se hablaba de Segorbe, debía ir el asunto por partidos judiciales, pero al final la prisión se sustanció en pleno corazón del territorio comanche. Alguien debió pensar que Alboc sser que históricamente fue gran cabeza de partido judicial y, por tanto, tenía calabozos se iba a enterar de lo que es una trena de verdad. Nadie sabe como sucedió. ¿Qué razones, qué argumentos había para instalarla precisamente allí?, ¿hubo consultas, acaso debate previo?, ¿fue un desafío impuesto desde las alturas por algún ángel para un país con amplias tragaderas? En unas comarcas, tradicionalmente maltratadas y desoladas, a las que sólo les queda el paisaje y la dignidad como recursos productivos, la prisión les suponía algo así como una nueva patada en el bajo vientre.

Con la práctica y habilidad que tenemos últimamente en nuestra provincia de Castellón en la compra-venta de terrenos, la adquisición de fincas para la construcción de la cárcel duró un santiamén. Pero el jaleo no tardó en montarse y el reguero de la controversia hiriente hizo que la mitad de los vecinos de Alboc sser se enemistara con la otra mitad por el tema del penal. ¡Pobre alcalde! La cita electoral posicionó a partidos y candidatos. Los del mando añejo en la provincia apretaron las filas y los aspirantes, que se apuntaron a todo, no querían saber nada de mazmorras, al menos en el Maestrazgo y, por lo que se ve, sólo antes del 14-M.

Así las cosas, las últimas elecciones generales de marzo se vivieron como nunca en Alboc sser. El menú político era plato único: prisión sí-prisión no. Después ya se sabe, sonrisas y cava para unos, lágrimas y tila para otros. El resultado parecía indicar que la esperanza iba a ganar puntos, sobre todo desde que J. Sevilla tomó su silla y Acebes se quedó pasmado. Pero no. Ahora el lío está servido y la confusión aumenta. El Estado tiene las tierras compradas para hacer la prisión, el ministro Sevilla dice lo que no dijo y en Castellón ciudad hacen manifestaciones en contra de la cárcel a las que acuden, es un decir, por la escasa peña, no el entorno del PP, que va sobrado, sino algunos representantes del PSOE que gritan ante su delegación de Gobierno no sé qué de instalar la prisión en algún lugar costero de Orpesa.

Se admiten apuestas sobre cómo está el proyecto de la prisión, si abierto o cerrado, pero el sabio territorio comanche ya intuye el desenlace. Por el momento va a abrirse un proceso de debate y documentación que no tiene porqué terminar en un mal menor irremediable. Pues para ese debate dos notas. Una. La prisión de Alcatraz se cerró en 1962 y se convirtió en un recurso turístico; aquí, parte de un recurso turístico básico y excepcional se quiere convertir en prisión. Dos. El cantante Ll. Llach en una canción denominada titulada "No és aix² companys" indicaba que no puede haber "paraules de pau --ni de diálogo-- amb barrots". Así lo cantaba, en valenciano, en la lengua que entienden los "bocassins".