El diablo habrá montado el extraño belén que se ha instalado en el museo de cera londinense de Madame Tussaud, en el que los personajes de José y María están representados por el futbolista David Beckham y su esposa Victoria, y en que las figuras de los Reyes Magos tienen los rostros de George Bush, Tony Blair y el duque de Edimburgo.

Yo sé de uno que tendrá envidia del marido de la reina Isabel II. Al expresidente Aznar le habría encantado aparecer de Mago al lado de sus amigos el presidente norteamericano y el primer ministro británico. Hasta con el papel de pastorcillo se habría conformado. Si me apuran diré que incluso el de caganer le habría complacido, en el caso de que, igual que en Castellón, en la tradición británica existiera el personaje que, con el trasero al fresco del 25 de diciembre, evacua el fruto hediondo de sus necesidades fisiológicas, camino de Belén.

Desde hace años, personas de muy buena fe trabajan en favor de la unión de las diferentes ortodoxias cristianas. Los ecumenistas han avanzado poco. Cada confesión quiere mantener su chiringuito. Todas se han unido, sin embargo, para manifestar su protesta por el belén del museo de cera, que consideran blasfemo. De momento consta el rechazo de católicos, anglicanos y presbiterianos. Podrían llegar otros testimonios de condena. Lo que los cismas separaron, lo ha unido el nacimiento de los famosos. No ha de extrañar que las autoridades religiosas protesten unánimemente. Si es verdad que los ángeles desplegaron una pancarta de paz ante el portal de Belén, puede parecer una burla que sujetos tan belicosos como George Bush y Tony Blair ocupen un lugar destacado en la escena sagrada. El papel de Herodes les habría estado mejor.