Hay gente que al acercarse estas fechas se entristecen y parece que estén enfadados con el mundo. Muchas personas sufren en Navidad, generalmente asociada a felicidad y bienestar, una profunda tristeza, rabia y desmotivación. En realidad, no existe la depresión navideña como tal, sino que es en un trastorno latente, que viene de meses atrás y se manifiesta en estos días en que se tiende a reflexionar y pensar todo lo ocurrido durante el año próximo a concluir. En ocasiones, no hay motivo aparente para la rabia o tristeza, pero lo cierto es que la melancolía se apodera de un gran número de personas en las Navidades. Si durante el año hemos perdido un ser querido, su ausencia nos conducirá a la tristeza con total seguridad, pues van a ser las primeras navidades sin esa persona. Una conducta que mucha gente hace con el fin de evitar estos sentimientos negativos es la huida hacia delante o bien no participando en los acontecimientos típicos de estas fechas o bien viajando a otros lugares. Con ello podemos conseguir un alivio momentáneo del dolor, pero no solucionamos nada. Ante todo, debemos reflexionar sobre las causas que nos provocan la amargura e intentar cambiarlas.

Además, el hecho de tener que reunirse con familiares que son casi desconocidos o que no son de nuestro agrado, hace que más de uno se sienta mal consigo mismo por tener que ceder al compromiso social, en lugar de actuar de acuerdo a su forma de pensar. También es causante de sentimientos negativos el ver que se acerca el final del año y todos los objetivos que nos habíamos propuesto el año anterior no se han conseguido. Cuando las cosas que una persona trata de lograr están siendo contrariadas o los planes de vida fallan, se producen formas específicas de emociones negativas.

Las emociones positivas, por el contrario, surgen al percibir que los proyectos van siguiendo el curso esperado, que las cosas marchan bien. Es preferible mejorar la comunicación con la familia y amigos, en lugar de esconderse del problema. Uno suele volcarse en los hijos, en el trabajo o en los estudios, como mecanismos de distracción del problema. Pero eso no soluciona nada. Hemos de enfrentarnos a los problemas y hacerles frente. Es bueno el mero hecho de ser feliz; es un poco mejor saber que lo eres; pero comprender que lo eres y saber por qué y cómo, y seguir siéndolo, eso es más que felicidad, eso es una bendición. carloshidalgo.net.