La semana próxima entrará en vigor la ley del sector ferroviario. Es el final del monopolio de Renfe en el transporte por tren y de la vieja compañía tal como la conocíamos. Las infraestructuras de la empresa pública pasarán a manos de otra empresa llamada Administradora de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), y nace Renfe Operadora, una nueva compañía de transporte que competirá con las que quieran entrar en este negocio.

Estas decisiones coinciden con el plan de mejoras del servicio ferroviario, para 15 años, presentado por el Gobierno, al que se destinan inversiones de más de 100 millones de euros. El objetivo es acabar con el modelo radial español y sustituirlo por otro de malla para que la red de trenes compita mejor con la de carreteras.

Ésta es una buena ocasión para refundar y relanzar el concepto de ferrocarril: un medio de transporte poco contaminante, que no se colapsa y que facilita el desarrollo territorial. Para que cumpla estos objetivos sólo precisa planificación racional --que para ir de Vinar²s a Valencia no haya que sufrir el escaso número de trenes que recorren esa línea, por ejemplo-- y una tecnología que ofrezca las prestaciones de comodidad y velocidad que los tiempos demandan.