Qué hacemos con nuestro hijo?... Nos han comunicado que ya no puede seguir en el centro educativo y no existe otro centro que pueda atenderlo en adelante. David tiene veintiún años, sufre grave discapacidad intelectual. Tenemos dos hijos más, de quince y once años, que lo quieren con locura, pero ellos deben seguir su ritmo normal; no es justo hipotecar su vida. David necesita gente experta que lo atienda las veinticuatro horas del día, que le ayuden a mantener lo que ha podido aprender y, si es posible, avanzar un poquito más. Nosotros no podemos cubrir esas necesidades y, además, por si faltaba algo para completar, nos sobrevendrá cualquier día la vejez y cuando ello ocurra, ¿qué haremos con nuestro hijo?... Cuando está en casa remueve todos los rincones con su contagiosa alegría, desbordando nuestros corazones de felicidad; pero, eso sí, no puedes dejarlo sólo ni un minuto, absorbe todo el tiempo y la atención de quien está con él. Y ahora que va siendo mayor, se hace más complicado atenderlo, al contrario que los otros hijos. Es un nene de dos o tres años con un cuerpo y una filosofía de veinte.

¿Qué hacemos con nuestro hijo?... Su bondad inocente es como un bálsamo para todos, pero no puede ni debe quedarse en casa. Necesitamos los salarios de los dos para hacer frente a todos los gastos de la familia. ¡Es preciso que haya algún centro público que lo pueda acoger en adelante! No obstante, me han dicho que no lo hay. Si eso es cierto, ¿qué haremos con nuestro hijo?... ¿Meterlo en una residencia de mayores, con veintiún años?... Impropio. ¿Dejamos el empleo uno de los dos?... Injusto. ¿Nos vamos a otra Comunidad?... Inmoral. ¡Pero si sólo se trata de un centro de terapia ocupacional o algo así!

¿Dónde están las soluciones que nos anunciaba el señor Camps en su programa electoral? En la capital parece ser que hay algo, pero es privado, muy caro y muy lejos. Nosotros no queremos deshacernos de nuestro hijo, tan sólo pedimos una atención especial mientras trabajamos. Hemos asumido la responsabilidad sobre el chaval con alegría; hemos sacrificado muchas ilusiones y caprichitos --normales para otras familias-- pero ahora pedimos auxilio. Otro padre decía que debemos pedirlo por derecho, no por lástima ni como limosna. Puede que tenga razón. Desde luego, suena bien eso de pedirlo por derecho. Aquel padre decía también que el Gobierno de Zapatero quiere implantar todos estos servicios como derechos dentro de un sistema nacional de atención a la dependencia. ¡Magnífica idea que debemos apoyar! Pero, mientras tanto, ¿qué hacemos con nuestro hijo?... No estamos solos; somos muchos en la misma situación de David. El Consell no puede mirar a otra parte, como si no fuese con sus obligaciones de gobernar. Derechos... bienestar... Exigimos una solución. Ciertamente, si el crecimiento y la pujanza de la economía que anuncian sirve para enriquecerse cuatro pillos y no para que vivamos todos mejor, nos están engañando miserablemente".