Estaba clarísimo, ahora aún más claro. En el País Vasco ganan siempre los mismos. Es inútil pretender otra cosa. La historia verdadera más la que inventó Sabino Arana con el componente de supuestos agravios que la mayoría de los españoles hemos sufrido a lo largo de nuestra ajetreada historia, quién no ha perdido los Fueros, quién no ha sido vencido, a quién no humilló y fusiló Franco, qué pasó en las guerras carlistas, ni más ni menos que en el País Vasco, se reflejan en una memoria y un rencor único que se llama nacionalismo antiespañol.

Más del 40%, reflejo también de un país dividido, siempre votará a los mismos, con pequeñas variaciones, a los que defienden su patriotismo por las buenas o por las malas y el esto se lo repartirán los llamados españolistas, con porcentajes variables, según las circunstancias y el recuerdo más o menos vivo de las pretendidas ofensas sufridas, ellos creen, con exclusividad. Y no se sale de ahí.

Yo propongo que no se convoquen elecciones totales en el País Vasco. De entrada se pacta un 40 y tantos por ciento para los ibarretxe y el resto se vota para cumplir con la democracia. Porque siempre saldrá lo mismo. Una mayoría relativa que obliga a pactar la gobernabilidad con unos o con otros, a pactar con quién convenga en cada momento. Y es inútil prohibir la realidad tapándose los ojos. Los abertzales existen y suman votos. Prohibirlos es un engaño. La democracia es votar a quien queramos. Lo mismo a San Ignacio que al camarada Otegui. Salvando las distancias y las calidades.