La detención de cinco personas presuntamente relacionadas con el dopaje en el ciclismo, entre ellas Manolo Saiz, director del equipo Liberty Seguros, puesto en libertad ayer, y el médico Eufemiano Fuentes, tiene todas las trazas de dejar al descubierto una trama de dimensiones parecidas a la que se detectó en el Tour de 1998. Un trabajo de meses de la Guardia Civil, puesta sobre la pista por el exciclista Jesús Manzano, ha corregido la impresión muy extendida en Europa de que la manga ancha de España había hecho de nuestro país el refugio ideal de deportistas tramposos como Johan Mühlegg, descalificado en los JJOO de Invierno del 2002.

Para completar la puesta al día contra el dopaje hace falta una legislación que prevea sanciones ejemplares que castiguen a los infractores y disuadan a los tentados a imitarles. El proyecto de ley que en esta materia aprobó el Gobierno el pasado 17 de marzo, y debe pasar aún el trámite parlamentario, urge más que nunca. Pero para que no quede a medias el combate contra el músculo artificial es precisa la colaboración sin reservas de las federaciones y de los clubs de los deportes que mueven más dinero. Sin su concurso, el dopaje siempre encontrará por dónde colarse.