Estando en Chile, una democracia todavía más novel que la nuestra, dos aspectos de la vida política cotidiana de aquel país me sorprendieron agradablemente en comparación con el nuestro: la trasparencia presupuestaria y el clima tranquilo entre la Concertación y la derecha.

Mientras la bronca y el ruido que hace el Partido Popular se escuchaba incluso a 12.000 kilómetros de distancia, la oposición democrática chilena aplaudía cortés y respetuosamente el pasado 21 de mayo a la "señora presidente" Michelle Bachelet Jería en un acto semejante a nuestro Estado de la Nación.

Y seguían dándonos lecciones. Un grupo de políticos y técnicos que cursaban el "Diploma en Desarrollo Local" que impartimos en Rancagua, una ciudad de 225.000 habitantes, no entendían los continuos "sobrecostes" generados en torno a los grandes proyectos públicos de base ocio-turística. Y todavía se quedaban más perplejos cuando la oposición pedía explicaciones a tales multiplicaciones de precios y la Generalidad corría un tupido velo, negando además la mayor. Acostumbrados a la caballerosidad de Manuel Pellegrini, no podían concebir un comportamiento de las gentes de Valencia que no estuviese a su altura.

Salvando las distancias, para hacerme entender la gravedad de lo que significaba para la sociedad chilena los "sobrecostes" algunos estudiantes ponían un ejemplo a partir de una frase popular pero espeluznante: "Alguna parte de la sociedad chilena podía entender que Pinochet matara comunistas, pero no que robara". Yo me quedé estupefacto al oírla, y en cierta manera, lo sigo estando ahora, cuando he vuelto aquí.

Sobre todo porque continúan las denuncias de sobrecostes, como siempre presuntos, que afectan al parque temático Terra Mítica y al campeón que lo impulsó. Igual de sobrecogedoras o más son las cifras de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias: en 1989 valía 33.000 mill/ptas y en el año 2000 ya se habían gastado sin terminarla 100.000 mill/ptas; y dentro de ella el Palau de les Arts, presupuestado inicialmente en 83 mill/euros ya ha superado él solito los 340 mill/euros.

SERÍA bueno para la ciudadanía y para la democracia que todos supiéramos, de verdad, sin tapujos ni cortapisas, el precio real de los proyectos que de un tiempo a esta parte ha impulsado la Generalitat. Importa y urge explicar desde cuánto han costado los colegios e institutos que ha construido la empresa Ciegsa hasta los de Terra Mítica, pasando por los de Castelló Cultural. La Generalitat Valenciana y PP no pueden seguir pretendiendo que los valencianos nos comportemos como necios: ya saben aquellos que confunden el valor con el precio.

Profesor de Universidad