De nuevo las antenas de telefonía móvil ocupan el centro de las miradas y de las polémicas. Septiembre era el plazo que se había fijado el alcalde de Benic ssim para retirar una de las antenas implantadas en el casco antiguo. El Ayuntamiento en pleno se había reunido con todas las empresas operadoras para determinar el alcance de los efectos sobre la salud de las personas y la alarma social se disparó hace unos meses. Estamos ante un tema recurrente y controvertido. La comunidad científica no termina de encontrar motivos concluyentes que determinen la responsabilidad de las antenas en la salud pública, pero nadie quiere vivir cerca de un artefacto metálico bajo sospecha. En Betxí los padres se han movilizado por la proximidad de una antena a un centro escolar. Es una preocupación comprensible y lógica. Sea como sea, los municipios deberían regular la ubicación del mapa de antenas respetando como mínimo las distancias respecto de los puntos socialmente más sensibles. En Benic ssim la polémica se ha centrado solo en una de las aproximadamente 30 instalaciones de telefonía existentes en todo el término. ¿Qué pasará con las demás? ¿En sus entornos viven ciudadanos de segunda? Y si se cambia unos metros la citada antena, ¿es que su futura ubicación será inocua para la salud? ¿Tienen o no tienen peligro?. Hace falta más información y mayor consenso entre ayuntamientos, compañías y los mismos usuarios para saber cómo queremos vivir.