Ocurre allá por el año 2036. En casa de los Acebes hay fiesta para la infancia. Están los chicos Aznar, los Zaplana y otros descendientes de los gobernantes que hubo en España hasta marzo del año 2004. Les han preparado una tarde entretenida, pero saben bien lo que quieren: "Abuelito, cuéntanos el 11-M".

El abuelo don Ángel lleva más de 30 años explicando lo mismo. Su hijo se lo oyó contar muchas veces, y ahora es el nieto el que le escucha absorto la historia.

Hay algunas diferencias entre la versión de Ángel ll y la de Ángel lll. Es lógico. La imaginación añade detalles, que el narrador acaba por creerse. Además, los añadidos dan un nuevo interés a la historia. Si no los hubiera, los chicos acogerían el relato de manera muy diferente: "¡Otra vez...! ¡Eres un paliza, abuelito!".

No le tratan así. Todo lo contrario. Le animan a que cuente. Explica el 11-M del 2004 como una película. Hubo unos malos que provocaron una catástrofe terrorista, cuya culpa no se hizo recaer sobre los verdaderos responsables, sino sobre unos moros que pasaban por delante de la estación madrileña de Atocha, que quizá podían tener alguna relación con el atentado, pero que en todo caso eran solamente comparsas de un plan que había sido urdido en el País Vasco, con lo que estaba todo dicho.

En el año 2036, gran parte de la ciudadanía habrá olvidado lo sucedido el 11-M. Pero la derecha seguirá contando la historia de una conspiración cuyo objetivo era arrebatarle unas elecciones, que los populares decían tener ganadas. Será el año del centenario de la guerra civil, en el que se cumplirá escrupulosamente la consigna de la derecha de no mirar atrás. Habrá bula, en cambio, para seguir recordado la versión del abuelo Acebes del 11-M.

Periodista