La proximidad del periodo preelectoral que anuncia la llegada de los comicios municipales se deja notar ostensiblemente en el empuje de los políticos saliendo a la escena pública de forma reiterada, pero donde también tiene un claro reflejo es en el incremento de obra pública a cargo de las diferentes administraciones, ya sean dependientes directamente del Estado, de la Generalitat o de los correspondientes ayuntamientos.

Por un lado, la licitación de obra pública en Castellón en los primeros seis meses del año ha igualado ya, prácticamente, el importe total de proyectos que las distintas administraciones impulsaron durante todo el ejercicio del 2005. Un dato que refleja a las claras por dónde van los tiros. Y, por otro lado, el ciudadano de a pie puede percatarse cada jornada de la inusual fiebre de obras de remodelación y acondicionamiento de plazas y calles que vive su municipio durante estos días.

El problema radica en que esta febril actividad es producto del momento. Las activación de infraestructuras y las obras de mejora, que son bien visibles a la vista del ciudadano, durarán lo que falta para situarnos en línea de salida de las elecciones del 2007. Le seguirán las atractivas promesas de lo que no se hizo, pero se hará y de lo que se pondrá en marcha sin falta. La fase posterior se denominará olvido de lo que se prometió con tanto acaloramiento en las tribunas de oradores. Cuatro años más.