Tan sólo hace unas semanas que ha empezado el curso y ya cabe hablar de bullying o violencia en los colegios. Conforme se ha ido acercando el inicio de las clases, ha vuelto a aflorar el miedo, la ansiedad y la depresión en los niños que dejaron de recibir agresiones en junio.

El pasado martes leímos que uno de cada cuatro alumnos sufre acoso escolar que va desde burlas o mofas, pasando por amenazas, hasta robos o agresiones físicas. Llevar a la sevillana Cristina o al joven vasco Jokin a suicidarse es una especie de suicidio inducido o una forma velada de asesinato. Tan solo pensar el padecimiento que ha tenido que soportar uno de estos jóvenes para tomar la decisión final de quitarse la vida, estremece y encoleriza. Sin ponernos tan extremistas, las vejaciones, los insultos, los robos, las burlas, las amenazas y demás lindezas no son "cosas de niños".

Es un tema que merece una urgente solución porque las consecuencias son desoladoras para todos: para la víctima porque hace que tenga intentos de suicidio, baja autoestima y fracaso escolar; para el que acosa pues lleva a cabo el aprendizaje de conductas agresivas a la hora de conseguir sus objetivos, generalizándola a los demás ámbitos de la vida; y para los que lo presencian, pues se produce un aprendizaje de modelos agresivos, con la consiguiente falta de sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento de los otros. Los padres son los que más atentos deben estar a la hora detectar este problema es sus hijos, pues éstos últimos están sujetos a amenazas y coacciones que provocan el sufrimiento en silencio del martirio al que están sometidos.

Así pues, si se observan cambios en la conducta del niño, pesadillas, dolores de cabeza o estómago, rasguños, hematomas o nos dice que no quiere ir al colegio, son síntomas inequívocos de que en menor o mayor medida está recibiendo un abuso escolar. Lo primero que debemos hacer es escuchar atentamente al niño. Según lo importante que sea acudir al tutor, al director del centro, al médico o a las autoridades pertinentes.

Psicólogo clínico