Los ciudadanos deben reducir el agua que consumen en sus domicilios. El anuncio de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, por el que modificará la Ley de Aguas para garantizar un volumen de 60 litros por habitante y día, penalizando en la factura todos aquellos excesos, sirve una vez más para resaltar la necesidad urgente de concienciar a los usuarios de que el agua es un recurso escaso.

Sin embargo, la realidad común es que la sequía no se detecta hasta que deja de salir agua por el grifo. Una opinión demasiado extendida que no contribuye en absoluto a las medidas de ahorro, como tampoco ayuda el hecho de que Castellón esté entre las provincias con el precio del agua más económica.

Al final, no queda más remedio que sancionar para controlar los descuidos de algunos ciudadanos. Pero no es este el único punto a tener en cuenta. A pesar de que la provincia está entre las zonas que más agua reutilizan y que más han modernizado sus sistemas de riego para economizar los recursos, lo cierto es que se siguen perdiendo muchos litros por la canalizaciones, por no hablar de la falta de control sobre muchos pozos ilegales que siguen existiendo tanto en la costa como en el interior.

Ahora, solo falta que la política del Ministerio no termine en un simple afán recaudatorio y se consiga que los castellonenses, al igual que el resto de los españoles, se conciencien de que el agua no es infinita. La sequía no se mide por la presión de los grifos.