Querido lector:

Castellón está padeciendo un problema que ya se viene denunciando desde hace tiempo a nivel general en la mayoría de países de nuestro entorno europeo. Se trata de la falta de profesionales en el campo de la sanidad, al tiempo que se produce un crecimiento demográfico producto principalmente de la inmigración y que la inversión pública sanitaria, propia del estado del bienestar, no va acorde con el ritmo poblacional específicamente en la formación de nuevos médicos y en la construcción de infraestructuras sanitarias.

Si a este cóctel añadimos además la funcionarización excesiva de nuestros sistemas públicos --y el sanitario lo es-- con la consiguiente disminución de la productividad y la falta de promoción e incentivación internas, tenemos como resultado un sistema de salud que cruje por varias patas, a veces tanto que pueden producirse colapsos puntuales que no auguran soluciones fáciles y que se saldan con protestas y difíciles negociaciones salariales.

La próxima semana este tipo de protestas se van a producir en la sanidad valenciana si antes no se llegan a acuerdos sobre plantillas o de convenio, que es muy posible que se sellen. Sin embargo, el problema de fondo subsistirá si no se adoptan soluciones integrales. Unas soluciones difíciles si tenemos en cuenta la financiación sanitaria fruto del actual sistema de financiación autonómico.