Dos noticias aparecidas en prensa esta semana me permiten hacer una reflexión sobre la imagen que a través de las instituciones y medios de comunicación estamos proyectando sobre nuestras hijas e hijos.

En primer lugar, el conflicto surgido en una sesión de las Corts Valencianes, en las que ante una cuestión planteada por una parlamentaria, otro parlamentario contesta que "me veré en la obligación de decirle que es usted una de esas personas a las que se conoce por la profesión de su madre", me plantea una serie de interrogantes.

Mi primera duda se refiere a la relación de desigualdad, que ni siquiera en el campo político hemos logrado erradicar. Si la pregunta que dio origen al exabrupto la hubiera planteado un hombre, ¿hubiera generado la misma respuesta?. Estoy convencido de que no. Desgraciadamente se sigue ejerciendo sobre la mujer una violencia por el simple hecho de ser mujer. Y si en nuestras instituciones políticas, que deben ser el máximo ejemplo, el tan de moda paradigma, de las relaciones de igualdad, de participación, de convivencia y de lucha por una sociedad más justa y democrática se producen manifestaciones como ésta, generadoras de violencia, y ratificadoras de la desigualdad, ¿Qué fuerza moral tenemos ante nuestros adolescentes a los que decimos que hay que erradicar la violencia en las aulas, o que hay que ser tolerantes y respetuosos?

Por otra parte, parece que la participación política de los jóvenes decrece, que manifiestan poco interés y confianza en "los políticos". Estoy convencido de que estas situaciones no propician el respeto a unas instituciones que sin embargo son la esencia de un sistema democrático, en el que el debate político debe estar basado en el respeto, y en el que la confrontación debe quedar siempre en el terreno de la ideología y no del insulto personal..

La segunda noticia me produce satisfacción. Nuestra juventud se mueve y analiza lo que ve. Los alumnos del Instituto Ribalta, del que tan gratos recuerdo guardo, protestan por la imagen que se da sobre la juventud en una serie de televisión y exigen la desaparición de la misma de la parrilla televisiva.

Proliferan en los distintos canales de televisión las series de estudiantes mayoritariamente pertenecientes a escuelas privadas, en las que se producen situaciones y problemas en unos casos totalmente alejados de la realidad de un centro educativo y en otros en los que el conflicto se resuelve bien con grandes dosis de moralina, o por el contrario se aceptan soluciones que, como bien dicen los propios alumnos del Ribalta, no muestran pautas normales de comportamiento.

Por ello, quiero felicitar al alumnado del Ribalta por su actuación. A los responsables de la asociación de alumnos por su capacidad de movilizar y transmitir la necesidad de cambiar esa imagen negativa de la juventud. Y al profesorado, que continúa educando en valores a nuestros hijos e hijas, de entre los cuales saldrá nuestra futura clase política. Futuros políticos en los que tenemos puestas nuestras esperanzas, porque confiamos en ellos, en nuestros adolescentes, en su capacidad para ser críticos, para analizar y valorar, porque, a pesar de esta imagen negativa que en ocasiones proyectamos sobre ellos, queremos y esperamos lo mejor para ellos. Queremos que sean auténticos ciudadanos y ciudadanas educados en la libertad, en el respeto mutuo y en la igualdad.

Subdelegado del Gobierno en Castellón