Desaliento, impotencia, tristeza y rabia, con estas palabras empezaba el escrito de despedida que le dedicamos los compañeros y amigos de la Unió a Joan Brusca, que ha sido durante siete años el alma mater de nuestra organización.

Recuerdo especialmente el momento en qué decidí escribir unas palabras en nombre de todos. Pensar en el momento en que lo haría me tranquilizaba porque había tomado la determinación de hacerlo y quería que Joan --bien, su familia-- escuchara como le habíamos querido.

Hemos compartido durante estos días con la gente nuestras emociones y también hemos comprobado como era capaz Joan de llegar a la gente, acercándose con sigilo pero siendo capaz de adaptarse a las situaciones, porque tenía ese saber estar tan difícil de conseguir y lo hemos visto con las muestras de pésame y apoyo que ha recibido su familia y también la Unió. Desde aquí, una vez más, quiero agradecer a todo el mundo las palabras de ánimo de las últimas jornadas.

Como un día cualquiera, se hacían las 9 de la mañana y Joan aparecía por la oficina y ya empezaba la conversación, el intercambio de impresiones, sobre todo si era lunes y él venía con información fresca y de primera mano derivada de alguno de los muchos actos a los que había asistido. ¿Qué tal Joan, como ha ido?... Compartía su tan esperado momento en complicidad con algunos de los técnicos, que le esperaban para ponerlo al día de la agenda, para intercambiar impresiones y estrategias. Se mostraba relajado, sí, esa primera hora de la mañana la disfrutaba.

Empezaban las llamadas telefónicas, la prensa lo reclamaba para qué hiciera declaraciones. Siempre los atendía sin dudar, sabedor de lo importante que era hacerse eco del mensaje que la Unió en cada momento ha querido transmitir a la sociedad, defendiendo siempre los intereses de los profesionales agrarios, que tanto sufren para sobrevivir.

Joan era un hombre con mucha capacidad de diálogo, con un talante sereno que llenaba el espacio y con un sentido del humor sorprendente. En el ámbito del trabajo, le estaremos muy agradecidos porque nos ha permitido trabajar con libertad, sin presión y con una actitud abierta a la concesión. Y personalmente me quedo con el recuerdo del compañero, amigo, confidente, que escuchaba, que encajaba las críticas y que sonreía sin esfuerzo. Me quedo con el recuerdo de "lo secretari", como le decíamos en alusión a su habla del Maestrat.

Gabinete de Comunicación de la Unió

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