Francisco Camps demostró el domingo porqué es un malísimo presidente de la Generalitat. Camps vino a Castellón a la Romeria de les Canyes y aprovechó el gran día de los castellonenses para hacer campaña. Una burda campaña, todo hay que decirlo. Fue una actuación indigna de un alto representante de los ciudadanos como Camps, al que se le suponía un poco más de inteligencia política.

Mientras medio Castellón salía hacia la Magdalena evocando su pasado como pueblo unido y emprendedor, Camps soltó un discurso electoralista y acusó a José Luis Rodríguez Zapatero de todos los males del mundo. Habló del trasvase, al que su partido ya ha renunciado, y trató de engañar a la ciudadanía con más mentiras. Un discurso que no sorprende, pero que evidenció su nula sensibilidad para dejar de lado la política en un día tan excepcional.

Camps contaminó la fiesta con su electoralismo. Y lo que es peor, lo hizo en compañía del alcalde de Castellón, Alberto Fabra, que había emitido un bando al inicio de las fiestas para que los partidos aparcaran el debate durante la Magdalena, para que la fiesta no fuera una "herramienta electoral".

El comportamiento de Alberto Fabra como alcalde de todos los castellonenses ha quedado en entredicho, una vez más, y precisamente de la mano de un compañero de su partido. Los socialistas ya sabíamos que las palabras del alcalde no tienen valor, lo ha demostrado por activa y por pasiva en los 17 años que lleva en el Ayuntamiento, pero esta vez su debilidad ha vuelto a ponerse en evidencia. Hubiera estado bien que Fabra hubiera apercibido a Camps por su talante indigno, pero eso sería como decir que en el PP brilla la democracia.

Portavoz adjunto del grupo municipal socialista de Castellón