El debate televisado del pasado lunes entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero ha servido para fortalecer las opciones ya tomadas con anterioridad por los respectivos electorados, pero no parece que haya provocado grandes trasvases de votos en beneficio de uno y perjuicio del otro, si bien se detecta una consolidación de la curva ascendente del sufragio socialista que se había dibujado ya en los días previos al cara a cara. Eso es al menos lo que se deduce de la encuesta que llevó a cabo ayer la empresa GESOP para Mediterráneo y que confirma los sondeos de urgencia de la noche del lunes en el sentido de que Zapatero había ganado el debate.

La propia celebración del cara a cara ya ha supuesto una ventaja para las opciones socialistas, porque acentúa la bipolarización de la campaña electoral: Rajoy o Zapatero. Y mientras el PSOE tiene mucho camino por recorrer en perjuicio de otras opciones de izquierda o del nacionalismo moderado, el PP no tiene por dónde crecer. Los populares tienen un suelo electoral firme, pero también un techo difícil de romper, mientras que los socialistas aún pueden pasar el aspirador. Zapatero batió a Rajoy entre quienes siguieron el debate, porque transmitió más confianza y fue más convincente, mostró más capacidad para resolver los problemas de la gente y más conocimiento de los problemas del país. El discurso del candidato del PP no parecía pensado para recuperar el voto del electorado centrista o de derecha moderada.