Cada tres semanas ceno con un grupo de amigos, desde hace muchos años. ¿Quizá 25? No lo sé, pero en la reunión del otro día nos dimos cuenta de que el tiempo había pasado, pensamos en los muertos y nos miramos las caras, con un esfuerzo para recordar las que teníamos cuando empezamos a encontrarnos. Era un esfuerzo difícil, porque es extraordinario comprobar cómo nos vamos adaptando al paso del tiempo --no solo la gente de nuestra peña, sino todo el mundo-- sin modificar las imágenes antiguas.

La evolución es lenta, casi imperceptible, hasta que un día, de repente, vemos la diferencia. En este sentido, recuperar una vieja fotografía es como dar un puñetazo sobre la mesa donde cenamos: "Chicos, ya no somos los mismos". Más exactamente, ya no somos unos chicos. En un momento de la conversación, a la hora del café, alguien hizo notar que el tiempo había pasado: "¿Os dais cuenta de que no hemos hablado de política?".

Mis compañeros son personas de profesiones varias, que leen periódicos y libros, y cada cual aporta una información nueva sobre su ámbito de trabajo.

Tratar con gente que no es de tu oficio enriquece mucho. Pero nunca faltaba un tema común, el político. Opinábamos, criticábamos, pronosticábamos. Y es cierto que en la última cena se habló de cosas interesantes, pero no de política, pese a que era la última reunión antes del día de las elecciones. Como volveremos a vernos dos días después de la votación, seguro que comentaremos los resultados de las urnas.

¿Por qué la política ya no es materia de conversación entre nosotros? ¿Por qué cada vez le hemos dedicado menos minutos hasta que, el último día, nadie planteó el tema? ¿Qué significado tiene que se abstengan de ello unas personas que precisamente siempre han estado interesadas por el Gobierno de España?

Creo que es una mala señal. Porque esta dosis de alejamiento debe compartirla gran parte de la población. Parece que solo algunos obispos y algunos militares tengan algo que decir. El general Mena ha avisado de que todos los militares que tenía "bajo su mando" estaban inquietos, y los obispos también han manifestado, como sabe el lector, que están preocupados.

Pero el Ejército y la Iglesia son las instituciones que no deberían politizarse. La política es materia civil. Sería triste que los políticos estuvieran aburriendo a los ciudadanos.

Escritor