Querido lector:

La provincia de Castellón ha experimentado un incremento demográfico muy fuerte debido a la inmigración en los últimos años. Y ese fenómeno se está dejando notar ya entre las preocupaciones de los castellonenses que comienzan a interiorizarlo progresivamente como un problema más que como una aportación necesaria al crecimiento económico y una aportación multicultural enriquecedora.

Es la conclusión que se desprende de muchas de las respuestas que el ciudadano anónimo castellonense está ofreciendo a la propuesta diaria de Mediterráneo sobre las cuestiones más urgentes que le pedirían al nuevo presidente del Gobierno.

Y es una preocupación además que se conecta automáticamente con la inseguridad ciudadana, aunque su relación o contextualización sean muy discutibles.

Sin duda, los expertos argumentarán que este tipo de reacciones sociológicas son lógicas, tienen múltiples explicaciones y que provocarán hechos aislados cada vez más frecuentes con este trasfondo. Pero lo que no dirán es que la clase política debe dar una respuesta adecuada a esta preocupación ciudadana creciente y que por su incomodidad y por la oportunidad electoral actual, no se acomete con las miras de un consenso necesario e integral. Además se da la circunstancia de que las perspectivas económicas que vivimos no van a ayudar precisamente a soluciones fáciles.