La decisión del presidente Zapatero de proponer al magistrado Carlos Dívar para presidir el nuevo Consejo General del Poder Judicial, lo que conlleva presidir también el Tribunal Supremo, ha sorprendido a propios y a extraños. Dívar, que fue nombrado presidente de la Audiencia Nacional en la etapa del primer Gobierno de Aznar, es un hombre de perfil conservador, como lo es el candidato a vicepresidente del Consejo, Fernando de Rosa, uno de los vocales propuestos por el PP y exconseller de Justicia y Administraciones Públicas de la Generalitat Valenciana. No es de extrañar que los vocales progresistas hayan puesto el grito en el cielo. El nuevo Consejo se reúne hoy para votar esos cargos.

Podría pensarse que la decisión de Zapatero de designar a Dívar es una muestra de falta de sectarismo por parte del líder del PSOE, que prefiere a una persona de "perfil institucional" antes que a uno de los suyos... si no fuera por el espectáculo que han protagonizado todos los partidos proponiendo un Consejo formado, como siempre, por afines a cada uno de ellos, incluidas personas que llegan directamente de la política. Esta vez el reparto se ha llevado a cabo a cara descubierta, sin tapujos.

Pero lo peor, según algunos expertos, es que la designación de Dívar pone de manifiesto la falta de política de justicia del Gobierno socialista. O la ignorancia que tienen del poder de los jueces para entorpecer o facilitar la acción de gobierno.