La detención ayer en Francia de la cúpula de Batasuna, que en el país vecino es legal con estatuto de asociación, es una noticia de gran calado, pues supone la persecución más allá de los Pirineos de los grupos aberzales radicales que en España han sido ilegalizados por no condenar las acciones de ETA, formar parte del aparato ideológico de la organización y tener conexiones con sus sistemas de financiación.

La redada de ayer, en la que fueron detenidos 14 destacados dirigentes de Batasuna, se producía pocas horas después de los arrestos, en el departamento del Loira, de Unai Fano y María Lizarraga, ambos armados y con documentación falsa. Fano era el hombre que hizo de puente entre ETA y Batasuna durante el proceso de diálogo de la pasada legislatura, y Lizarraga trató de concurrir a las últimas elecciones municipales en una lista que fue ilegalizada. Ambos casos muestran que no hay barreras claras entre quienes en el mundo del radicalismo vasco se dedican a la política y quienes empuñan las armas. Así parece haberlo entendido el Ministerio del Interior francés cuando ha detenido a los rostros más significativos de Batasuna.

El hecho de que los tres coches bomba que han estallado estos días en España llegaran desde Francia dio pie a que se comentara que la colaboración transpirenaica se había relajado. Ahora vemos que París no solo mantiene la presión, sino que la redobla.