El Banco de España tomó el sábado una decisión de amplio alcance en sus efectos para todo el sector: la intervención de la Caja de Castilla la Mancha (CCM), sumida en un problema de liquidez, por la desconfianza de sus clientes, y tras saber que ha hecho inversiones desproporcionadas para su tamaño. Por su tamaño --representa menos del 1% del sector financiero español--, sería un hecho poco relevante. Pero es un aviso a tener en cuenta. Hace unas semanas, la caja manchega iba a ser absorbida por Unicaja. Se seguía así el principio de que las cajas nunca quiebran, se fusionan.

La comparecencia pública de ayer de Solbes y De la Vega, explicando el decreto-ley de aval público a la CMM y su total respaldo a la decisión del Banco de España, que asume la gestión de la entidad, ha tenido un doble significado. De un lado, se toma el ejemplo de una entidad tan pequeña como mal gestionada, para reforzar la actitud de vigilancia y firmeza del Gobierno y del banco emisor ante cualquier atisbo de desconfianza hacia el sistema financiero español. Aunque de otro, se abre la espita de la desconfianza: si para una entidad tan menor se hacen gestos tan solemnes, ¿qué puede venir detrás? El PP ha aprovechado para desgastar al Gobierno. Debería recapacitar: fomentar las dudas sobre la solvencia de las cajas --y más sabiendo la influencia que miembros del PP han tenido sobre alguna de ellas-- hace daño a la credibilidad del conjunto del sistema más que al Gobierno.