Nuestro propio ordenador mental borra de golpe y porrazo el bienestar vacacional. Imagínense hace menos de un siglo cuando no existía el descanso laboral. Ni los domingos, vamos. Adiós al chiringuito, la playa, la piscina, el bou embolat, en un estío donde ha triunfado el Grao de Castelló y se ha vaciado Benicàssim nuit. Solo falta pasear por la Gran Avenida y recordar aquello que fue y ahora ya no es. Como muestra el montón de tierra y un cartel oxidado donde puede leerse Hotel Miami, Coca Cola. Un conjunto de escombros que, desde luego, es una mala carta de presentación para un municipio turístico donde los pocos visitantes y los muchos castellonenses nos sorprendemos a última hora como colocan duchas en la playa cuando el verano comienza a esfumarse. Suena un "bit-bit". Es el móvil. El sms dice que el PIB retrocede un 4,2%, nuevo record negativo de la economía española. Es una manera de avisarnos de que comienza uno de los cuatrimestres más fatídicos de nuestras vidas. La vicepresidente no va con excusas y anuncia más impuestos para pagar las alegrías sociales de Zapatero. Y es que va a haber un gran efecto dominó en el derrumbe de muchas actividades. En Castellón hay guarderías de toda la vida que cierran. La proliferación de este tipo de centros privados ha pasado a la historia. La crisis ha puesto a cada uno a su sitio. El niño o la niña en casa bajo el cuidado de uno de los cónyuges que aumenta los dígitos en el INEM. La razón ya no es tanto la demanda sino la competencia de nuevos centros que incluso ya ha abaratado sus precios respecto a otros con gran arraigo. Una nueva etapa con ajustes para todos y una gran lucha por la supervivencia.

Periodista