Querido lector:

El ministro de Fomento, José Blanco, ha dado la respuesta en la fecha prometida, al menos en lo que se refiere al AVE. No así para la N-340 y la autovía interior CV-10, aunque el nuevo aplazamiento en la decisión de estas últimas se puede considerar ya una contestación premonitoria y directa de que no se van a hacer.

Primero se lo ha comunicado al alcalde de Castellón, Alberto Fabra, y posteriormente aprovechando un acto en Muro de Alcoy lo ha hecho públicamente con el guión previsto de la lógica, que ya les adelanté hace unos días en esta misma columna.

Habrá AVE a Castellón en los plazos previstos o como ha dicho el ministro, manteniendo “el actual ritmo de construcción”, lo que hace suponer que también se mantiene la fecha de finalización de las obras y de su funcionamiento en 2014.

No obstante, la buena noticia ha tenido un pero, desgraciadamente. Y es el hecho de que hoy por hoy la financiación no será directa por parte de Fomento debido a los recortes en inversión pública del plan de ajuste del Gobierno. Lo que significa que hay que inventársela si se quiere cumplir.

Blanco, cuando anunció su plan de recortes, denominado ahora eufemísticamente de reprogramación, ya adelantó que habría proyectos para los que se debería pensar nuevas fórmulas. Por lo visto, el AVE Castellón-Valencia es uno de ellos, a pesar de que ya hay dos tramos adjudicados. Estas fórmulas pasan indefectiblemente por la intervención obligada de la aportación privada, bien en explotación directa o indirecta. Es decir, que seguramente en la tarifa del coste del billete habrá un incremento X para pagar las obras o que incluso la empresa adjudicataria de las obras será la operadora de la explotación. Es decir, nos costará más.