¡Mal empieza el partido cuando, a la primera jugada, ya hay que sacar tarjetas rojas!

La tarjeta roja conlleva la expulsión del terreno de juego y puede adjudicarse por: juego brusco o conducta violenta, manipulación marrullera que obstaculice el juego limpio del contrincante, uso de lenguaje y/o gestos insultantes, reincidencia en las malas conductas y, especialmente, que se “meta la mano”.

En el partido para gobernar cada pueblo y la capital, los árbitros somos los ciudadanos y, si queremos que el juego sea limpio y honesto, nos tenemos que hacer respetar; para lo cual deberemos ser inflexibles y objetivos.

A modo de ejemplo, podemos juzgar hoy la maniobra marrullera tramada por el alcalde capitalino, Alberto Fabra Part y su equipo, para llevar a cabo una subida de sus salarios (“meter la mano” indebidamente), presentándolo como una disminución solidaria con la época de crisis; e incumpliendo un acuerdo unánime de congelación.

La gravedad de la infracción de ese hecho es incontestable. Si el Ayuntamiento fuese una empresa privada que busca un buen técnico o gestor, se entendería que éste exigiese un estipendio acorde con su preparación y experiencia profesionales.

Pero no es el caso: la ciudad de Castellón es una empresa pública nuestra; y el señor Fabra está ahí de pura casualidad y de manera provisional. Existen miles de castellonenses que gobernarían infinitamente mejor que él y aceptarían cobrar veinticuatro mil euros anuales, no setenta y ocho mil más Cortes, morbo y lo que cuelga.

La pelea es a muerte por conseguir los salarios. ¿De dónde merece, si no, cinco mil cuatrocientos euros al mes la Gallén? ¿O tres mil un concejal no electo? Comparativamente, un médico, maestro, un guardia civil o un bombero deberían cobrar diez mil euros. ¡Que no! O se rebajan el cincuenta por ciento o entenderemos que todo es una farsa para chupar del bote de nuestro dinero, sin otro objetivo social. ¡Y ni un euro por asistencia a comisiones!

¡Tarjeta roja a Alberto Fabra! ¡Y Movimiento 15-M más que nunca! H