Esta semana Peñíscola celebra importantes festejos que conmemoran el sexto centenario de la población como ciudad papal. Allí, en su castillo, residió Benedicto XIII hasta su muerte ocurrida en 1423.

De su recogimiento en estas tierras y de su presencia en muchos lugares de estas comarcas ha quedado abundante información documental. Así, fue sonada la fiesta de la Asunción de 1414 en Morella con la presencia de un papa, un rey, Ferrán d’Antequera, y un futuro santo, Vicent Ferrer. También ese mismo año Pedro de Luna presidió en Sant Mateu un famoso congreso cristiano-rabínico.

Aparte de Segorbe, de cuya catedral fue canónigo, lugares como Benifassà, Traiguera, Cabanes, Castellón o Vila-real tuvieron ocasión de conocer al personaje. A esta última población llegó en noviembre de 1414 y se le recibió con grandes honores, pues era voluntad del consell municipal que li sia feyta bella festa. Allí, con calles enramadas, juglares llegados de Onda y músicos de Burriana, pendones en los que figuraba el emblema de Luna y las llaves de san Pedro, se recibió a Benedicto XIII.

Castellón hizo lo propio algo más tarde. Se pidieron informes a Tortosa, Morella y Sant Mateu para saber cómo actuar, no en balde nunca antes, ni después, había estado un papa aquí. Se procedería com pus altament se degués pero, eso sí, segons les posibilitats. Por su parte, los responsables del séquito papal se aseguraron previamente de que la villa estaba libre de peste.

Importantes preparativos y magnos recibimientos para un gran personaje histórico, cuyo recuerdo siempre está y estará universalmente ligado a la ciudad de Peñíscola. H