Querido lector, días después de las elecciones municipales me encontré a mi amigo Manolito Suárez preocupado por el resultado de su IU en nuestro pueblo, la Vall d’Uixó. Ganar un concejal no le parecía suficiente. Decía que tenía vocación de Gobierno y no de minoría. A pesar de que traté de hacerle ver que un aumento siempre es positivo y que, en última instancia, cuatro años no son nada, al final terminé sincerándome y reconociéndole que me pasaba algo parecido. Que también me afectaba el casi eterno mal resultado, o insuficiente, de la izquierda en la Vall d’Uixó. Y es que, los dos venimos de unos años y una cultura de izquierdas “vallera” que, sin duda, ha sido clave en asentar los fundamentos de la democracia municipal en la Vall. Digo con ello, que a pesar de las limitaciones de la época se construyó un gobierno de participación y transparencia que todo lo supeditaba el interés vecinal, se ampliaron las fronteras de la ciudadanía al reconocer por igual a todos los valleros sin distinción de barrios o nivel social, se abrió el proceso autonómico valenciano al ser el primer ayuntamiento de la provincia de Castellón que lo solicitó, se defendieron derechos políticos frente a los que intentaron limitarlos, se promocionaron políticas y valores igualitarios, etc. Por eso, posiblemente, cuando vemos lo que ahora pasa, es decir, que la alcaldesa y/o el alcalde (no lo tenemos claro) es una virgen o un santo patrón, el imprescindible diálogo que reclama la crisis se transforma en improductiva confrontación, el hospital diez años después es una maqueta, las cifras del paro chocan contra la ineficacia de un llamado pacto comarcal por el empleo, el autogobierno valenciano es sinónimo de mala gestión y corrupción, etc, es lógico, pues, que en cierta gente aparezca la preocupación y alguna gota de melancolía. Una preocupación que, dicho sea de paso, no solo la motiva las consecuencias de la política de la derecha si no, también ciertas incapacidades de la propia izquierda: no debemos olvidar que IU parece que ya no es capaz de ser mayoritaria y, el PSOE, hace 20 años que no le gana en la Vall ni una elección a la derecha.

Querido lector, a pesar de lo dicho y aún reconociendo que sobre unas elecciones municipales siempre influyen factores externos de difícil control por las izquierdas locales (en esta ocasión la crisis, la ausencia de un debate autonómico y municipalista), es justo afirmar que el cambio del color político en La Vall es posible, necesario y urgente. ¡Sin duda! Aunque, para ello, y en lo que afecta al PSOE, que es lo que a mí me debe preocupar en estos instantes, son necesarias modificaciones en la política, en la forma de hacer política y en las personas. Se debe implicar a más gente en la acción (ampliar la militancia y a la afiliación, considerar a la izquierda como un movimiento que va más allá de los partidos, etc.), elegir candidatos/as con arraigo social y que aparezcan como puntos de referencia en el marco de una democracia más viva y participativa y de sociedad civil más organizada y activa. La izquierda de La Vall solo gana cuando se generan esas circunstancias y se entiende la victoria no como el resultado de unos días de política o acción electoralista sino como la consecuencia lógica de un organizado proceso social en el que aparecen los compromisos personales y las soluciones. Aunque, para la consecución de este objetivo, lo primero es, en el PSOE, una dirección política que así lo entienda. Continuará, más o menos. H