Querido lector:

El presidente Francisco Canps ha demostrado una menor sensibilidad de la esperada con Castellón en la formación del nuevo gobierno valenciano, tanto en el primer como en el segundo escalón, y eso el PP de Castellón con su presidente a la cabeza, Carlos Fabra, no lo podía dejar pasar de rositas.

De esta guisa y después de conocer el paupérrimo número de castellonenses entre los 98 cargos de la administración autonómica --secretarías autonómicas y direcciones generales--, la cúpula del PP de la provincia convocó de urgencia un comité para valorar y analizar esta situación y expresar su malestar, tal y como Mediterráneo daba a conocer ayer. La cuestión residía en saber hasta dónde se iba a llegar.

El resultado no podía ser otro. Una valoración muy negativa por parte del Partido Popular castellonense del organigrama elegido por la presidencia de la Generalitat... pero sin ninguna acción más allá del marco normalizado de relaciones.

Es de suponer que los teléfonos en la tarde y noche del viernes echaron humo al más alto nivel entre Valencia y Castellón, hasta el punto de encargar a la nueva vicepresidenta Paula Sánchez de León una mediación y una negociación con el PP provincial a fin de solventar la situación, que a posteriori y en un futuro cercano dará resultado.

El PP de Castellón no es igual al PP de Alicante y eso Camps lo sabe. Carlos Fabra siempre ha sido constructivo a la hora de colaborar con el PP regional. Y aunque esta vez ha habido unos desajustes más allá de lo pactado por ambos dirigentes el lunes en Orpesa, --tal vez por calcular mal el primero la retirada de Fabra--, tras la llamada de atención de ayer y la disposición mostrada por Valencia, las aguas, es de suponer, volverán a su cauce. Ya veremos.