Es probable que, a comienzos del siglo pasado, en alguna de las tertulias del Grao surgiera la idea de construir un local social donde se pudieran practicar deportes náuticos y, asimismo, sirviera de punto de encuentro para los amantes del mar. Sin embargo, las primeras reuniones para constituir lo que entonces se denominó Club Náutico de Castellón tuvieron lugar en la calle Enmedio. Posteriormente, el local del Ateneo y los bajos del periódico Heraldo de Castellón, situados en la calle del Escultor Viciano, sirvieron para que un grupo de castellonenses, entre los que se encontraban personajes como Castelló Tárrega, José Blasco, Ricardo Caro, Guillermo Rodríguez Bajuelo, Paco Peña, Álvaro Nebot, Salvador Vilar, José Ramón, los hermanos Rambla y Marco y el joven Vicente Prades se encargaran de confeccionar los estatutos de una Sociedad Cultural que tenía por objeto el estudio de todas las cuestiones náuticas; la educación e instrucción de la vida del mar y el estímulo y fomento de la afición y práctica de los deportes marítimos. El 7 de octubre de 1933, los estatutos se presentaron en el Gobierno Civil y es de suponer que a finales del mismo mes fueran aprobados; por lo que se cumplen ahora 78 años del nacimiento de aquel primer Club Náutico de Castellón que se pudo construir, con grandes esfuerzos económicos, gracias al esfuerzo y tesón de aquellos castellonenses que se convirtieron en socios fundadores al abonar, antes del 30 de octubre de 1933, la cantidad de 50 pesetas con el fin de llevar a cabo los primeros gastos que se ocasionaron para contar con una sede social en el Grao de Castellón.

Los primeros socios colaboraron en el inicio de las obras. Las enormes piedras que sirvieron de soporte para construir el edificio se trasladaban, desde la cantera al puerto, con camiones de los utilizados en el transporte de naranjas. El material dominante en la construcción del edificio fue la madera, de ahí que aquella primera sede, que perduró hasta 1962, fuera conocida como la Barraca y en su local social se celebraron verbenas, banquetes y numerosos actos sociales, hasta que, como consecuencia de la guerra civil, fue militarizado y, asimismo, su primer presidente, Manuel Castelló Tárrega, tuvo que exiliarse a México.

Finalizada la guerra se reanudó la actividad social y también la deportiva de la Barraca. El popular Ramonet del Brisamar, abastecedor del Club, organizaba bailes todos los sábados por la noche y domingos por la tarde. También eran famosas las verbenas que se celebraban con ocasión de la Virgen del Carmen o las festividades de San Jaime y San Pedro. A Castelló Tárrega le sucedieron en la presidencia: Antonio López, Álvaro Nebot, Antonio Escartín y José Folch. Todas las juntas directivas coincidían en manifestar la necesidad de sustituir el primitivo edificio de madera por otro que pudiera albergar con mayor prestancia y comodidad los numerosos actos deportivos y sociales que se organizaban. Sin embargo, no se daba con la fórmula idónea para hacer frente al presupuesto de la nueva sede social hasta que, en 1962, el abastecedor Vicente Guillamón donó un millón de pesetas y la junta directiva acordó emitir mil obligaciones de dos mil pesetas cada una que fueron suscritas por algunos socios.

El presidente Salvador Peris y el vicepresidente Rafael Ribés consiguieron que organismos como el Gobierno Civil, el Ayuntamiento de la ciudad y la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes aportaran cantidades que complementaron las aportaciones de los socios que adquirieron las obligaciones emitidas. Con estas cantidades y el impulso de Fernando Herrero Tejedor, nombrado presidente de honor del Club Náutico de Castellón, el 28 de enero de 1962, se consiguió financiar el proyecto redactado por los arquitectos José Luis Gimeno Barbería y Manuel Romaní Miquel, y el día 13 de junio de 1963, el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, pudo inaugurar el nuevo edificio, ahora ya desaparecido, del Club Náutico de Castellón. H