El ministro de Economía, Luis de Guindos, aseguró ayer en el Congreso que no hay nada mejor para la economía que un Gobierno predecible. Se refería, obviamente, al Ejecutivo del PP del que forma parte, el mismo que anunció por sorpresa que llevaría el déficit al 5,8% y que ha sido reconvenido por Bruselas, que le obliga a dejarlo en el 5,3% y a un recorte adicional de 5.000 millones. También es el que ha conseguido aprobar en el Parlamento un techo de gasto acorde con aquel 5,8%. Y, en fin, es el mismo que aún no ha aclarado de dónde obtendrá los recursos para conseguir el nuevo objetivo dictado desde Bruselas. “Nos lo están pidiendo con razón”, apuntaba ayer su compañero del Ejecutivo Cristóbal Montoro, titular de Hacienda. Con esa frase, respaldaba sorprendentemente la imposición del Eurogrupo. El lío es fenomenal y evidencia que este Gobierno es de todo menos predecible.

Pero la ambigüedad y las contradicciones no acaban ahí. El empeño del PP por guardar sus cartas hasta las elecciones andaluzas le lleva a no explicar que instrumentos empleará para lograr el objetivo del 5,3%. Montoro solo dio una pista al señalar que recurrirá a “políticas tributarias”, o sea a aumentar impuestos.