El índice de morosidad es uno de los grandes indicadores del estado de la economía de un país y de sus finanzas. Y la verdad es que el dato que el martes facilitó el Banco de España es malo, muy malo. La proporción de los créditos de dudoso cobro respecto a la cartera total de créditos era del 7,9% en enero. El último antecedente equiparable en porcentaje data de noviembre del 94, cuando marcó el 8,01%, con la enorme diferencia de que entonces el saldo global español no llegaba a los 300.000 millones de euros, y ahora es de 1,77 billones.

Para compensar esos cobros fallidos, las entidades tienen que provisionar fondos con los que garantizar la devolución del dinero a las instituciones que en su día se lo prestaron y con el que pudieron atender a sus clientes. De esa forma, bancos y cajas tienen que aparcar grandes cantidades que en otras circunstancias podrían emplear en la concesión de nuevos créditos. Lo peor es que los expertos dicen que la tendencia al alza se mantendrá por el cierre de empresas y los despidos. De hecho, el 7,9% de enero supone 1,3 puntos más que en el mismo mes del año anterior. Mientras tanto, la banca procura no tirar demasiado de la cuerda a las inmobiliarias, a las que renueva los créditos para mantenerlas con vida. La mora en el sector supera el 20%.