Querido lector:

La apuesta por la consecución de infraestructuras es siempre a largo plazo debido a su elevado coste económico, a la dilatación en el tiempo de su construcción y a los diferentes criterios políticos, que en función de la alternancia o no en el gobierno de la administración que las financia, supone una mayor o menor rapidez de ejecución. En la provincia de Castellón tenemos muchos ejemplos de estas circunstancias. Sin ir más lejos, la autovía interior o CV-10 que se inició hace más de una década como alternativa a las carreteras de la vías de costa, la N-340 y la autopista, está aún sin concluir y no hay previsión para la conclusión del tramo entre el aeropuerto y la frontera con Cataluña. O los accesos al puerto de Castellón por carretera que, si recuerdan, costaron nada más y nada menos que 14 años.

Son solo dos ejemplos, porque nuestra provincia se ha caracterizado siempre por una carencia alarmante de voluntad entre los gobiernos centrales --que son los responsables de las grandes infraestructuras-- a la hora de dotarnos de infraestructuras básicas.

Ahora, el reto de Castellón en este contexto pasa por la conexión de nuestro principal centro logístico, el Puerto de Castellón, con el corredor de mercancías que se va a construir como primera fase de urgencia del corredor mediterráneo, así como el inicio del AVE Valencia-Castellón.

Son dos apuestas de futuro. Que tardarán su tiempo, pero que deben comenzar su gestión ya mismo. El AVE, según la ministra Ana Pastor, se licitará en breve. Pero el acceso ferroviario al puerto por el sur tardará más porque no hay aún proyecto y se parte de cero. El alcalde Alfonso Bataller arrancó el miércoles el compromiso de Adif de acelerarlo. Pero el compromiso hay que vigilarlo. Y eso es tarea de todos.