La morosidad de la banca española se ha situado en el 8,3%, el máximo desde 1994. No es un buen dato aunque entonces se llegó a superar el 9%. Tampoco anima la rebaja del rating de 16 bancos, entre ellos los tres grandes --Santander, BBVA y CaixaBank--, aunque la decisión de Moody’s responde a que ya bajó el rating del Reino y es lógico que las entidades financieras resulten afectadas.

Sin embargo, el último día de la semana las acciones bancarias se recuperaron algo y la prima de riesgo de la deuda se alejó un poco del fatídico 5%. Se debe, sin duda, a que el nerviosismo provocado por la crisis griega hizo que los mercados exageraran los problemas. La desconfianza en la banca es, en gran parte, fruto de la que sufre la deuda española, cuyo diferencial respecto al bono alemán es ya superior al de la etapa Zapatero. La causa es Grecia pero también que el nuevo Gobierno no ha actuado con suficiente decisión. No se entendió que retrasara los Presupuestos por las elecciones andaluzas ni que no subiera el IVA, que está por debajo de la media de los países de la UE.

Y la explosión de Bankia, la cuarta entidad financiera, ha sido determinante. Se decía que todo estaba en regla y Rodrigo Rato, el padre del milagro económico de Aznar, tenía el timón. Luego nadie ha dado explicaciones y se ha puesto en cuestión al Banco de España, lo que ha generado inquietud. ¿Podía haber otras entidades en situación similar? ¿Si la banca necesitara mas fondos --por otras bankias-- tendría el Estado recursos suficientes? ¿Debería solicitar ayuda europea?

La cuestión de fondo --aparte del nerviosismo del Gobierno con dos reformas financieras en tres meses-- es que el endeudamiento del sector privado --muy superior al del público-- se concentró en el inmobiliario y se recurrió a los mercados internacionales a través de la banca. Ahora toca desapalancar; y el fin de la burbuja, la crisis de la deuda soberana y la segunda recesión crean un horizonte incierto. La digestión va a ser larga y nada fácil, en especial en las antiguas cajas que crecieron más en el ladrillo. Pero muchos bancos europeos no están mejor. La diferencia es que sus gobiernos tienen más crédito y son más eficaces. Aquí solo ha sobrado --y sigue sobrando-- grandilocuencia.