Querido lector, este fin de semana y posiblemente porque se levantó el sumario del presunto fraude de los fondos de cooperación y ayuda al desarrollo, a casi toda la gente de mi entorno le dio por hablar del asunto y de Blasco y Felip, de quienes fueron conseller de Solidaridad y Ciudadanía y director general. Y es que, el enterarte por los medios, que algunos cabecillas de la presunta trama corrupta además de aprovecharse de los fondos públicos de la solidaridad querían violar a la diputada de Mireia Mollà, es algo que se presta al cotilleo y a la denuncia ante el juzgado.

Así es que, siendo esa la conversación a la hora de comprar el periódico y pasear con amigos y nietos por el parque, me permití contarles una anécdota que me pasó con esa misma gente e institución de la Generalitat Valenciana. Todo vino porque escribí un artículo en el que explicaba que el Foro Valenciano de la Inmigración había llegado tarde (respecto de las necesidades de la sociedad, etc.) y mal (sin cualificada presencia de inmigrantes, etc.), que el Plan de Integración era impresentable (se hizo sin participación, no se podía evaluar, etc.) y, por si eso no era suficiente, denunciaba que el dinero de la integración y a pesar de la chulería de Blasco y Felip y de sus críticas al PSOE, venía de fondos de la UE y del Gobierno de Zapatero. Datos ciertos, todos ellos, que dejaban en propaganda las falsas declaraciones de la mencionada Conselleria y sus secuaces. Pero, sentaron mal y, días después, me llama un amigo periodista y me dice que el PP de Valencia buscaba mi número de móvil y, al tiempo, anunciaba que me iba a responder. Información, esta última, que fue cierta (utilizaron a un diputado de mi pueblo para que firmara un vergonzoso artículo) pero que al formar parte del juego democrático no me inmutó. No obstante, apareció lo peor y empecé a recibir mensajes relacionados con la inmigración pero en plan insultante y provocador. Días después y con la intención de acabar con tan vergonzosa práctica, utilicé un truco que me explicaron y, mira por donde, detrás de aquel número y de los mensajes apareció el jefe de prensa del conseller Blasco (un conocido periodista de Castellón). Minutos después y finalizada la lógica discusión, se terminó, de momento, con ese estilo de mafiosillos y truhanes.

Pasó el tiempo y cuando me había olvidado de la circunstancia que les he contado y mientras daba un curso (sobre la ley de extranjería) a trabajadores sociales de Castellón, se me acerca uno de ellos y me enseña un correo de la Conselleria de Solidaridad y Ciudadanía que recogiendo un artículo de Felip, criticaba con palabras poco educadas la política de inmigración del PSOE y a Zapatero. Algo que, por servirse de la vía administrativa, dirigirse a funcionarios y ser una opinión política personal, me pareció inadecuado y, por lo tanto, llamé al cargo de confianza que lo mandó. Momentos después estaba medio lloriqueando, exculpando al director general y jurando que era una confusión que no se repetiría. En todo caso, mandé copia del correo a los portavoces del PSPV-PSOE e IU en las Corts Valencianes. Mandé la prueba de que se mantenían prácticas inadecuadas.

Querido lector, solo cuento esta anécdota para que se sepa. Sin vocación de hacer leña. Además, se que desde un punto de vista político, Felip (imputado y en manos del juez) y Blasco (abandonado por la dirección del PP) están en vía sin futuro. A pesar de todo, esta anécdota puede servir para señalar que aún perdura la contradicción intolerable y que reclama inmediata solución: la de ver a Blasco ejercer de portavoz del PP en las Cortes Valencianas y, la de saber que Fabra, Alberto, el molt honorable president de la Generalitat Valenciana, no ejerce la obligación que tiene de vigilar y exigir que tanto en su partido como en las instituciones de autogobierno aflore la ética y la credibilidad en el ejercicio de la política. H