La primera pista de que los dinosaurios existieron fue un diente. En 1824, William Buckland, profesor de Geología, estudió un gran diente hallado en una cantera de pizarra de Oxfordshire. Buckland puso el nombre de Megalosaurus al dinosaurio propietario de aquel diente gigantesco. El Megalosaurus fue el primer dinosaurio que tuvo nombre propio. Cuando se encontraron los demás dientes, seguían perfectamente anclados en la mandíbula del animal. El primero del siglo XX fue hallado en 1902, cuando se descubrió en Montana un esqueleto incompleto de un gran dinosaurio carnívoro, que fue enviado al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. Tres años después, en 1905, Henry Fairfield Osborn lo descubrió por primera vez y le dio el nombre de Tyrannosaurus rex, para enfatizar así el supuesto dominio que debió tener sobre las demás criaturas coetáneas.

Ya que la dinosaurología es una especialización de la Paleobiología, los principios en que se basan son anatomía comparada y actualismo biológico. H