Llevamos cinco años desde que se desatara esta crisis. Desde que se precipitaran al vacío todos los indicadores socioeconómicos hemos asumido como cotidianas noticias que antes hubiesen parecido imposibles. El aluvión de miserias sobrevenidas no tiene digestión sencilla. Pero, sin duda, lo peor siempre pasaría por resignarnos.

La gran victoria del sistema sería la aceptación sumisa de la inculpación colectiva. Recientemente hemos vuelto a conocer el nivel de la deuda que la Generalitat tiene contraída con entidades como la Fundación Síndrome de Down de Castellón. Llueve sobre mojado. Llevan y llevamos mucho tiempo reivindicando algo tan sencillo como la decencia en el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Estamos ante un magnífico ejemplo de lo que significa la acción solidaria protagonizada por la sociedad civil. Familiares y voluntarios desempeñando un papel y una función social que, de no existir, habría que inventarla o tendría que asumir la propia administración con la Constitución en la mano.

Resulta poco menos que un sarcasmo el paripé de Alberto Fabra reclamando la adhesión y adulando a la sociedad civil como reservorio de las mil y una virtudes. Lo que tendría que hacer para ser mínimamente creíble es pagar lo que debe. La morosidad es tal que ha hundido a toda suerte de entidades, ONG, contratistas, ayuntamientos, universidades y asociaciones que confiaron en la palabra del Consell. Papel mojado. La Fundación castellonense Síndrome de Down simboliza el esfuerzo de aquellos colectivos que se han implicado tejiendo desde abajo redes solidarias y cooperativas. Eso también es, fundamentalmente, sociedad civil. Lo han hecho y lo siguen haciendo gestionando una economía de guerra, abocados al colapso.

Esa es la sociedad civil que debería visualizar el molt honorable. Él y su corte castellonense que hablan de recuperación y de síntomas de mejora en la economía. Con 70.000 parados, contrataciones en régimen de semiesclavitud, deudas, desahucios, aeropuertos sin aviones ni vergüenza, etc, la verdad es que deberían inyectarse una buena dosis de humildad, realismo y responsabilidad.

Habermas explicaba el verdadero papel de la sociedad civil con la metáfora del castillo. Una sociedad asediando permanentemente la fortaleza pero sin tomarla. Una sociedad viva y activa en tanto que reivindicadora de más derechos y nuevos espacios de libertad y progreso. No confundamos actos de palacio partidistas con lo auténtico y genuino que se halla extramuros. Aunque, lamentablemente, hoy en la más cruda intemperie. H

*Secretario general provincial del PSPV-PSOE de castellón