Querido lector, hay miércoles que se acumulan los temas con interés social y resulta difícil escribir sobre uno en particular. Eso es lo que ha pasado esta semana. Primero quería hablar sobre la vergonzosa historia del IBI de la Vall. Después, sobre un proyecto de ley (racionalización… de la administración local) que utiliza el nombre de la razón para justificar la sin razón de sus contenidos. Pero, al final, la sentencia del caso Carlos Fabra ha reclamado el protagonismo en este espacio.

¿Qué decir? A tal efecto manifiesto que no me gusta ni comparto, pero como no cabe otra, la respeto. Aunque no aporta nada nuevo, era lo esperado. Todos sabían, porque era evidente y así lo denuncié en mi artículo del día 9/10/ 2013 que, como los magistrados que le juzgaban (y que nadie recusó) eran los mismos (dos de los tres) que durante en periodo de instrucción intentaron suprimir el delito de cohecho, lo lógico es que ahora no lo condenasen por esa causa. Cosa aparte son los cuatro delitos contra la Hacienda Publica: en la medida en que existen peritajes, le meten cuatro años de cárcel. En conclusión, una sentencia que el PP considerara políticamente correcta, casi salomónica: al no tener delito de cohecho, ni tráfico de influencias, dirán que el partido queda al margen y sin corrupción política. Su mujer, al no pasar de los dos años y no tener antecedentes penales, no irá a la cárcel. El propio Fabra utilizará todos los recursos posibles para alargar el proceso y, posteriormente, hacer valer su enfermedad y la mayoría de setenta años para acogerse a la libertad condicional y evitar el talego. En ultima instancia, y teniendo en cuenta que el matrimonio ha sido condenado al pago de 1,7 millones de euros, cabe recordar que eso tampoco será un problema: el juicio ha demostrado que Fabra tiene amigos de bondad y solvencia económica acreditada.

Querido lector, a pesar de todo, este juicio ha demostrado dos cosas claras: que tenían razón todos aquellos que decían que el PP y la Diputación de Castellón ha estado dirigido por una persona con una conducta y moralidad no compatibles con el ejercicio honesto de la praxis política en democracia. La segunda y ultima, de momento, es que la Justicia, por tardanza, presiones, sistemas de promoción… etc, genera amplias y fundadas dudas de su eficacia, ejemplaridad, parcialidad, etc. Tanto es así que, con esta misma sentencia y si todo hubiera sido más rápido, hace tiempo que Fabra estaría en la cárcel. Así, aun estando condenado, algunos de los suyos se pasearán diciendo que tienen un partido y un ciudadano ejemplar. H

*Experto en extranjería