El 7 de abril de 1765 fue día de Pascua. Con anterioridad a esa fecha, Ygnacio Leredo, autor teatral residente por entonces en Castellón, solicitó permiso para poner en escena unas representaciones que comenzarían el día de Pascua de Resurreción.

El hombre había formado una “compañía de cómicos” que hasta entonces había actuado en el Mesón de las Almas de la villa. Pero según él aquel era un “sitio no menos angosto que incomodado para el pueblo”. Por esa razón y porque había constituido una nueva compañía “de más realse que la pasada”, pedía que se le cediera el local del almudín, o trapig, donde se almacenaba la caña de azúcar. Un espacio que, a falta de teatro, salvaba la situación. Porque su construcción a modo de gran nave con tres arcos apuntados y con cubierta de madera a dos aguas, era lo más próximo a una sala idónea para espectáculos. Un lugar que estuvo en pie hasta 1959 en que fue derribado tras alojar al parque de bomberos desde el siglo XIX.

El caso es que Leredo lo solicitaba porque el sitio ya había sido cedido “a otros autores”. Y él estaba dispuesto a pagar por ello la cantidad que correspondiera cuyo destino iba destinado al “santo hospital de la villa”. Le corría prisa porque el domingo de resurrección estaba próximo y su compañía debía empezar “la temporada de primavera”. H

*Historiadora