La realidad de los últimos tiempos no es la que nos gustaría a muchas y a muchos. Vivimos tiempos convulsos en los que las diferencias se canalizan de la peor forma posible. En lugar de aproximarnos al contrario por la vía más corta, la del diálogo y el pacto, se tiende hacia la controversia, a la pelea, al conflicto. Hay razones para el lamento, para la decepción, para la tristeza, pero también hay oportunidades para un cierto optimismo, para la esperanza.

La política ha de estar al servicio de las soluciones, ha de ser una herramienta para buscar la felicidad de la mayoría. Ese es, o debería ser, el gran objetivo de quienes nos dedicamos a ello desde las instituciones públicas. En mi responsabilidad como alcaldesa lo tengo claro y trato de que esa sea la hoja de ruta en esta etapa apasionante al frente del Ayuntamiento de Castellón. Qué sentido tiene gobernar si no es para que cada persona sienta que vive en el mejor de los mundos y crea que hay motivos para un futuro mejor.

Einstein dijo que «no podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos». Quizá esa sea la clave: cambiar las formas para cambiar el fondo. La sociedad nos está pidiendo a gritos que busquemos la aproximación, que fomentemos el entendimiento, que hablemos, pero es una petición que a veces no llega a donde debe llegar. A veces lo vemos en el pleno del Ayuntamiento, cuando las posturas políticas se enquistan en la distancia. Estamos tan cerca y a la vez tan lejos.

En los últimos días, he tenido la oportunidad de participar en dos foros en los que trabaja por el diálogo entre culturas. La Mesa Interreligiosa de Castellón es un organismo impulsado por la Concejalía de Bienestar Social que integra a todas las confesiones religiosas de Castellón con el fin de propiciar el conocimiento y el reconocimiento entre ellas, pero también a nivel institucional y social. La idea es fijar objetivos comunes que permitan visibilizar la diversidad religiosa y lanzar a la ciudadanía un mensaje de unidad para prevenir actitudes discriminatorias, racistas y xenófobas en la ciudad.

EL TRABAJO de la Mesa Interreligiosa es ejemplar. Por eso, he querido trasladar la experiencia desarrollada en Castellón a la Comisión de Seguridad y Convivencia de la Federación Española de Municipios y Provincias que presido desde 2015. La FEMP, la Fundación Pluralismo y Convivencia y el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado están trabajando en este ámbito, con la creación de grupos locales contra los extremismos. Entre sus objetivos, están los de conocer el estado de las políticas de convivencia desarrolladas en el municipio, analizar el fenómeno de la radicalización en el ámbito local, prevenir posibles situaciones violentas y activar mecanismos de alerta para intervenir ante situaciones de riesgo.

En ambos casos se trabaja desde lo positivo, con acciones integradoras, que buscan lo mejor de cada uno para aportarlo al bien común. Debemos ser conscientes de que nadie tiene la razón absoluta y que hay millones de oportunidades para el acuerdo. El diálogo es el camino más recto para evitar lo irreversible. Hablemos.

*Alcaldesa de Castellón