Si hay un término polivalente en el valenciano ese es (con perdón) collons. Bien sé que su significado es mordaz y que se le ha adjudicado una connotación «guarrindonga» y grosera, sobre todo para aquellos que anteponen la ética a la estética y creo que con mal proceder, pues como bien dice el refranero popular, «els collons també van a missa».

No puedo olvidar la historieta de aquel quídam que va a dar el pésame por la muerte de un buen amigo. Entra en la casa y ante el féretro suelta: «Collons!, ma que te collons!» (No me lo puedo creer, no me lo creo). «T’enfrontaves a tot en dos collons», (te enfrentaste a todo con gran arrojo) «quins collons tenies i ben plantats» (que determinación tenías). «De veres valies un colló, eres collonut» (de verdad, valías un potosí). «Tan divertit que em feus descollonar-me de rissa com aquella vegada que pel fred ens quedarem amb els collons morats» (eras muy divertido y me hacías morirme de risa como aquella vez que nos quedamos como un témpano). «I en els negocis tenies els collons pelats i feies el treball com ningú» (y en los negocios tenías una gran experiencia y hacías el trabajo como nadie), «i en conseqüència tot t’eixia de collons» (y en consecuencia todo te funcionaba perfectamente). «En fi m’has deixat els collons per terra» (en fin me has dejado patidifuso). Y remató: «No ni ha mes collons» (no hay otro remedio). No se pudo con una sola palabra expresar tal acervo de vivencias.

En este caso la semántica del vocablo «collons» no tiene límites y, como dice el refrán baturro, «sirve pa too lo mesmo q’una astralica e’mano». En suma, voz interesante que, con independencia, de su significado picaresco, para muchos indecente y soez, es tal vez la más utilizada y polisémica del léxico valenciano. Y que lo siga siendo por muchos siglos.

Cronista oficial de Castelló