Jesucristo encomendó a los Apóstoles la tarea de anunciar el Evangelio por todo el mundo, pues está destinado a todas las gentes. Esta misión corresponde a toda la Iglesia, a todos los bautizados. La implicación de los bautizados en la vida y misión de la Iglesia, pide una vida de fe personal en Cristo Resucitado, coherente en palabras y obras, una participación en la vida y misión de la propia comunidad parroquial y de la Iglesia diocesana y también la colaboración económica.

Sin ser de este mundo, la Iglesia está en él y necesita personas y medios para cumplir su misión. Entre otras cosas, para las actividades pastorales con adultos, jóvenes y niños, para la atención espiritual y humana de quien lo necesita, para el culto y el mantenimiento de los templos, casas abadías y centros parroquiales, para la atención de la caridad, la remuneración de los sacerdotes, la atención de ancianos y personas vulnerables, la acogida de inmigrantes y refugiados, o la ayuda a quienes sufren la pandemia. Todo esto es posible gracias a personas entregadas y a la generosidad de quienes aman a su Iglesia. Gracias al apoyo de muchas personas, la Iglesia sigue haciendo mucho por tantos.

Son muchas las necesidades de nuestra Iglesia para seguir haciendo el bien. Desde la primera comunidad cristiana, la Iglesia se ha financiado siempre y fundamentalmente gracias a la ayuda de sus fieles. Desde hace años, la financiación de la Iglesia depende exclusivamente de los católicos y de todas aquellas personas que reconocen la labor de la Iglesia y la apoyan.

Estamos en el periodo de la Declaración de la Renta. Una forma sencilla, pero necesaria, de colaborar con la Iglesia es poner la X en la Declaración, impresa o digital, en la casilla correspondiente a la Iglesia católica. Un 0,7% de los impuestos se dedicará así a la Iglesia. Este sencillo gesto no supone tener que pagar más ni que vayan a devolver menos. Muchas gracias por marcar la casilla Iglesia católica.

*Obispo de Segorbe-Castellón