Querido/a lector/a, a veces, por no decir casi siempre, cuando hablamos de lo humano y la humanidad, lo hacemos asociando el significado de estas palabras a lo que parece ser su sentir más lógico y habitual: el que se refiere a algo propio del hombre, de un ser animal pero diferente de los otros seres vivos por ser racional... comprensivo y sensible a los infortunios de los demás... Comentario que viene a cuento porque estos días leo en el periódico que, H. McMaster, gobernador republicano de Carolina del Sur y amigo de Trump, ha dado luz verde ha una ley que establece que si no hay inyecciones letales (los laboratorios se niegan a facilitarles los productos químicos), el preso deberá ser ejecutado sin más dilación en la silla eléctrica o frente al pelotón de fusilamiento. Pero lo más llamativo y duro es que mientras destacados líderes de su Estado y de la Cámara de Representantes claman por aprovechar la circunstancia y dejar atrás la pena de muerte, más medieval que moderna, el gobernador H. McMaster celebra con alegría que por fin se esta más cerca de cargarse a los 37 hombres condenados que esperan desde hace 10 años en el corredor de la muerte y, en consecuencia, de brindarles a las familias y a todos los amigos y seres queridos de las víctimas, la justicia y el cierre que les debe la ley. Por eso firmará esa legislación en el mismo instante en que llegue a su despacho.

Querido/a lector/a, sé que los ideales o los valores que tiene una persona en su vida están, de alguna forma, circunscritos a las condiciones históricas, sociales y culturales en las que se ha desarrollado esa vida y, por eso, con el tiempo, suelen evolucionar y cambiar. Lo triste es que, como el gobernador H. McMaster, hay gente que no llega a descubrir valores humanizadores que los alejen de actitudes bárbaras y los acerquen a lo humano, a lo racional.

Analista político