Son muchos los que en estos meses de verano harán vacaciones. Ante la creciente incidencia del covid-19 y su persistencia, todos estamos llamados a ser responsables y observar las medidas establecidas para evitar los contagios. En vacaciones se busca descanso. Pero los caminos que se eligen muchas veces no llevan al reposo.acer vacaciones no es solo dejar el trabajo o buscar un cambio de ritmo. Con frecuencia se vuelve de vacaciones más cansado. Porque no puede existir verdadera vacación si no se cuida el descanso físico y la renovación interior.

Muchas personas están atenazadas por el vacío interior. La sociedad moderna dispone de tal cantidad de medios, que cautivan y esclavizan. Muchas personas tienen cada vez más fachada exterior y menos consistencia interior; quedan absorbidas por proyectos y expectativas, que no surgen de sí mismas ni elevan a una vida más humana, noble y digna. En general, el estilo de vida que se propone aparta de lo esencial, e impide descubrir y cultivar lo que somos y podemos llegar a ser.

El hombre contemporáneo parece cada vez más indiferente a lo importante de la vida. Poco a poco se va convirtiendo en un ser superficial, cerrado en sí mismo. Lo que se lleva es disfrutar de la vida y sacarle el máximo jugo. Los grandes objetivos e ideales pertenecerían al pasado. La vida se vacía de su verdadero contenido. Pero este tipo de ser humano se siente insatisfecho y víctima de su vacío.

Las vacaciones ofrecen una oportunidad preciosa para mirar a nuestro interior, para reflexionar y buscar respuestas a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿quién soy, de dónde vengo, por qué vivo, para quién? Para ello hemos de propiciar los momentos de silencio exterior e interior, y buscar momentos para la oración. Es ahí donde uno se encuentra consigo mismo y se llega a percibir la voz de Dios, capaz de orientar nuestra vida y dar descanso a nuestro corazón.

Obispo de Segorbe-Castellón