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Basilio Trilles

BABOR Y ESTRIBOR

Basilio Trilles

Segarra Ribés

Creíamos que ya lo habíamos visto todo en plan cafrada, después del aberrante despropósito de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, cegada por el veneno de la estupidez y la mugre ideológica, el día que retiró del callejero el nombre del glorioso almirante Pascual Cervera, héroe de la guerra de Cuba, por considerarlo fascista.

Cervera falleció cuando Mussolini iba en pantalón corto y no existía el fascismo. Lamentablemente la historia se sigue escribiendo de igual forma torticera en el resto de España, incluida la Comunidad Valenciana, gracias a la invectiva de Rodríguez Zapatero y la deriva que ha ido adquiriendo su desafortunada ley de Memoria Histórica. Hoy remodelada y amplificada con el objetivo de convertir en cenizas el pacto de concordia que supuso la Transición.

El último informe de la Conselleria de Calidad Democrática por el que se solicita la supresión de una lista de nombres del callejero de Castellón viene a demostrar que el analfabetismo funcional está a la altura del sectarismo más trivial. El alcalde socialista Antonio Tirado eliminó las placas de los generales franquistas y dio a la cruz del Ribalta una simbología de paz en recuerdo de todas las víctimas de la guerra civil. Cuarenta y dos años después el revisionismo más cutre salta a la palestra y ordena la supresión de nombres como el de Manuel Segarra Ribés, farmacéutico e intelectual que inspiró el Pregó, elemento fundamental de las nuevas Fiestas de la Magdalena. Segarra, como otros prohombres incluidos en la inaceptable lista, era un castellonense bueno que desarrolló una prolífica vida cultural al servicio de su ciudad. Ahora resulta que era un peligroso franquista. Sencillamente, inaceptable.

Periodista y escritor

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