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El Periódico Mediterráneo

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Henri Bouché

PUNTO DE VISTA

Henri Bouché

Medea en escena

Tras el crimen cainita del Paraíso, la violencia apareció por distintos motivos en el mundo. La crueldad de los asirios es proverbial, si bien algún historiador pone sus reparos. Pero ya en la antigüedad otros pueblos mostraron patentemente su violencia.

Las obras de los clásicos, en especial los griegos, para mí tienen un especial encanto y un inapreciable valor antropológico. Muchos de los problemas que hoy son de rabiosa actualidad, ya fueron planteados por ellos. ¿Recuerda el lector la famosa obra de Eurípides, que tiene como protagonista a Medea? En ella aborda cuestiones que hoy tanto preocupan como los celos y el odio, que conducen a la violencia.

Estaba casada con Jasón, con quien tuvo dos hijos, pero este se enamoró de otra mujer, Glauce, hija del rey de Corinto. Y Medea no pudo aceptar este acto. La ira, el odio y los celos trastornaron su vida y la pasión le cegó, haciendo surgir el deseo de venganza. Así nace en la posteridad el conocido síndrome de Medea (aplicable a hombres y mujeres): matando al hijo (en su caso, dos) destruye el vínculo de su unión con su compañero.

Hasta aquí la tragedia, que ha tenido sucesores, algunos en la actualidad (mayoritariamente hombres, pero también mujeres). Los medios de comunicación muestran escenas semejantes y Medea parece resurgir de sus cenizas con casos similares. Es lo que se denomina filicidio, muerte dada por un padre o una madre a su hijo o hija, generalmente por venganza.

La educación no es una panacea universal para resolver estos casos, pero sí necesaria para evitar su consumación. Una educación familiar y escolar puede contribuir eficazmente a formar en los buenos modales y, sobre todo, en el amor, asignatura que, a mi modo de ver, tenemos pendiente. Más amor y nada de odio.

Profesor

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