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Henri Bouché

PUNTO DE VISTA

Henri Bouché

Nictofilia vs nictofobia

Confieso que desde siempre, en mis años juveniles, nunca sentí la llamada de la noche. No es que me diera miedo (nictofobia), sino que no me atraía. Y ahora, con la edad de oro, más o menos encima, todavía me atrae menos, aunque sí me molesta que, a otros, les atraiga demasiado y pasemos las noches de turbio en turbio como le ocurría al Quijote por motivos bien distintos.

La nictofilia, en cambio, es la pasión por la noche: uno comienza a vivir cuando anochece y es capaz de pasar la noche en vela, bien en la discoteca, bien en la calle, molestando con sus gritos a los pacientes vecinos. Doy fe.

Dormir es una necesidad fisiológica de capital importancia. Algunos casos de políticos nos consta que se durmieron en sus sillones. Y hasta a Unamuno se le decía que dormía más de lo normal, a lo que él respondía: «Es cierto, duermo mucho, pero cuando estoy despierto estoy más despierto que usted».oy seguro que ninguno de los noctámbulos podría decir eso. Otros, lejanos de Don Miguel, también se durmieron, alguno en actos públicos como es el caso de Ríos Rosas, ministro de O’Donell: «No estaba dormido –dijo--, estaba durmiendo, porque no es lo mismo estar bebido que estar bebiendo». Así se justificó. Otros casos actuales son los de Cela, quien se justificó porque dijo que estaba durmiendo, pero no dormido. Y también fue pillado el exministro García Margallo con similares excusas.

Ahora que se han abierto las compuertas de la nocturnidad –y no digo alevosía-- cabría la posibilidad de conjugar el merecido descanso del vecindario y salvar esa nictofilia en el mejor de los sentidos. Es, simplemente, educación en su más amplio sentido y solidaridad.

*Profesor

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