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Imma Sust

LA CLAVE POLÍTICA

Imma Sust

Género fluido: el futuro de la moda

Una mujer puede ser astronauta, piloto de avión o presidenta del mundo si se lo propone. Este sentimiento cada vez lo tenemos más claro las mujeres jóvenes y las que no somos tan jóvenes. También podemos vestir con traje corbata o con chándal si nos apetece. Parece que somos libres de ser lo que queramos ser y lo tenemos interiorizado, desde hace bastante tiempo. Podemos pensar que hemos avanzado mucho y que antes las cosas eran diferentes por culpa de la educación machista, pero no es del todo así. En nuestro presente y por desgracia, hay cosas que parece que nunca cambian. Esas madres modernas que se permiten explorar y ser lo que quieran ser, siguen sin darle esa opción a sus hijos. Antes de nacer y conociendo el sexo del bebé, deciden cómo decorarán la habitación y qué ropa le pondrán. No les dan ni espacio ni tiempo para que piensen por sí solos. Luego crecen y si quieren jugar o experimentar con su estética, ni ellas ni la sociedad se lo permiten. Un niño con vestido será víctima de todas las miradas y de comentarios absurdos, como el típico: «Pareces una niña». Como si ser niña fuera algo malo.

Nos faltan referentes, fuera de Miguel Bosé o David Bowie y el mundo de la moda está en un momento crucial y tiene mucho que decir, hacer y proponer. Adiós moda unisex y hola gender fluid. Adiós a las tiendas separadas por sexos y colores. Lo potente es sentirse muy niño y querer llevar falda un martes cualquiera para ir al cole. Dejando aparte su sexualidad, que nada tiene que ver en esto. Igual que llevo pantalones y no por eso soy lesbiana. Pero vivimos en un mundo en que los niños no lloran, pintarse las uñas es de nenazas y llevar vestido es de maricas. No podemos construir un mundo feminista y cuando tenemos un hijo no dejarle mostrar su parte sensible, tierna o artística, solo porque creemos que esto es una forma de ser exclusiva de las mujeres. Si no actuamos bien, somos cómplices de esta masculinidad tóxica que tanto detestamos. Queremos que nos traten bien y luego los castigamos cuando se comportan de una forma cosificada como femenina. No hay cosas de niño ni cosas de niña. Hay cosas para quien se las quiera poner. Un ejemplo precioso lo podéis ver en el teatro Victoria. El musical Billy Elliot. La historia de un niño que quiere bailar y tiene que aprender a escondidas porque su familia quiere que haga boxeo. Que es un deporte de chicos.

Periodista

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