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Francesc Michavila

Inquietudes de un europeo

Francesc Michavila

Mi París

He buscado plasmar los referentes que definen mi existencia y el aprendizaje de su magisterio, que ha conformado mi personalidad

Hace un mes, en la Feria del Libro de Madrid di a conocer el último libro que he escrito, titulado Mi París, que fue escogido para que lo firmase en esa gran cita literaria al día siguiente de su inauguración.

Unos días atrás se presentó en la Institución Libre de Enseñanza --la casa de Giner de los Ríos y de Cossío- y el próximo jueves, día 21 de octubre, en la Llotja del Cànem, a las siete de la tarde, me cabrá el honor de presentarlo ante mi pueblo, en mi amado Castelló, en un acto que realzarán queridos e ilustres amigos.

¿Por qué Mi París? ¿Cuál es el sentido de pertenencia que cabe atribuirle al adjetivo posesivo mi que contiene su título? Que la ciudad de París no me pertenece es una simple obviedad, como también ocurre con otros seres humanos cuya trascendencia excede en mucho mi humilde existencia y, sin embargo, bastantes de ellos se han referido a París en ese mismo sentido posesivo, por más figurada que sea tal apropiación.

En uno de los libros más bellos que se han escrito sobre la ciudad del Sena, titulado París era una fiesta, Ernest Hemingway hace una conocida afirmación sobre la capital gala: «si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompaña donde vayas todo el resto de tu vida». ¿Exagerado? En absoluto, quien ha tenido esa vivencia juvenil bien sabe que la profecía del norteamericano es una verdad absoluta. Manuel Azaña en sus Diarios íntimos y cuadernillos de apuntes, dice en 1912 a propósito de París: «estoy en el hogar común, en la casa materna, que a nadie niega un sitio junto al fuego». Stefan Zweig en El mundo de ayer-Memorias de un europeo, proclama que el solo vagar por las calles ya era un placer y, a la vez, una lección permanente, porque todo estaba abierto a todos. Y así podría continuar con una lista interminable de grandes literatos, artistas, políticos, científicos… Todos podrían afirmar: «París me pertenece y yo, a la vez, le pertenezco».

Quizás el ejemplo más diáfano que poseo de esa especie de atracción irresistible por París, sea el caso de uno de mis mejores estudiantes. Al concluir sus estudios y el periodo de formación conmigo en Madrid, el entonces alumno se fue a completar sus estudios en la École Polytechnique. Fue tan brillante estudiante en París como lo había sido en Madrid, obtuvo la mejor calificación entre un centenar de destacados colegas en uno de los mejores estudios de master, volvió a Madrid y se convirtió en un destacado profesional con proyección investigadora internacional, triunfó en cuanto quiso.

Ahora, al inicio del verano, charlamos a propósito de mi libro y me confesó que cuando se jubile su ilusión es poder pasar la mayoría del año en París, que para él no había lugar mejor en el mundo donde vivir. Al oír sus palabras emocionadas, no pude evitar esta expresión espontánea: «mi París es tu París; París nos pertenece, nosotros le pertenecemos».

¿Qué me ha llevado a escribir Mi París? En primer lugar, los referentes que definen mi existencia, y el aprendizaje de su magisterio, que ha conformado mi personalidad. Unos, los científicos, en el tiempo reciente, y otros que les precedieron, por medio de su ejemplo y sus obras que les trascendieron. Desde los grandes matemáticos, como Jacques Louis Lions, Pierre-Arnaud Raviart (que es doctor honoris causa de nuestra Universitat Jaume I), René de Possel, Gérard Petiau o Laurent Schwartz, a los grandes literatos, y los lugares que frecuentaban y que siguen estando ahí cien o doscientos años después: Le Deux Magots, Lipp, Flore, La Rotonde… También los referentes morales, que nos han enseñado cuál es la ligne droite a la que se refería Flaubert por boca de su personaje Frédéric en La educación sentimental, cuando le hace decir a su amigo inseparable Deslauriers que «yo he pecado por exceso de rectitud, sin tener en cuenta mil cosas secundarias más fuertes que todo. Yo he tenido demasiada lógica, y tú demasiado sentimiento». Y otros como Victor Hugo, Albert Camus, George Danton o el propio Gustave Flaubert.

Sin embargo, Mi París no se limita a reflexiones o pensamientos intimistas, sino que es también un texto que se adentra en el relato de anécdotas y vivencias en las que intervienen personajes conocidos a los que el autor ha tratado personalmente o con quienes ha compartido alguna experiencia vital. La época en la que discurre la obra abarca desde sus tiempos de estudiante que vive en el Barrio Latino hasta cuando regresa como consejero de educación en representación de España ante la OCDE, la Unesco y el Consejo de Europa. Escenas como el encuentro y comida con Jacques Delors en la Universidad de Salamanca, con motivo de su investidura como doctor honoris causa por esa universidad, o las visitas a Claude Allègre caundo era ministro de Educación del Gobierno francés presidido por Lionel Jospin, debidas al prólogo que hizo del libro que escribí con Benjamín Calvo, titulado La universidad española hacia Europa, o los encuentros con el embajador francés en España Francis Gutmann para analizar las relaciones universitarias entre los dos países, o la amistad con Jacques Levy, o con Jean-Jacques Payan, y tantos otros momentos inolvidables como aquel saludo a Pablo Neruda en la Maison de l’Amérique Latine, cuando obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Mi París es un homenaje a la amistad, con personajes reales que influyeron decisivamente en la vida del autor y con otros inventados para rendir tributo de admiración a los valores y los ideales por los que merece la pena vivir.

El libro testimonia el respeto que el autor siente por los numerosos exiliados españoles que tras la hecatombe de la guerra civil encontraron su modo de supervivencia en París, como fue el caso del valenciano Antonio Soriano, que creó la Librairie Espagnole de la rue de Seine, o el burrianense Amado Granell, quien fue el primero en liberar el Ayuntamiento de París en agosto de 1944.

En suma, este es un libro que pretende dirigirse a aquellos que no han abandonado la esperanza de crear un mundo mejor.

*Rector honorario de la UJI

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